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Mente Plena / Relaciones Humanas

No más Procrastinación.

¿Por qué procrastinamos?

Procrastinar es aplazar, diferir, postergar, dejar algo para después, ya sea porque la tarea no nos es grata, o porque siempre encontramos algo “más interesante” o “más urgente” qué hacer.

Todos nos topamos con tareas difíciles, laboriosas o que requieren un resultado perfecto, y estos factores pudieran evitar atenderlos de inmediato. Si tienes problemas de autocontrol, esta “costumbre” pudiera llegar a convertirse en un hábito, al estimular constantemente nuestro cerebro para encontrar razones negativas que a futuro nos impidan cumplir con otros objetivos, y con el paso del tiempo se volverá más difícil de combatir.

Procrastinar puede ayudarte a aliviar presión temporalmente, pero también conlleva consecuencias emocionales, físicas y prácticas, como bajas calificaciones en la escuela, un rendimiento deficiente en el trabajo, insomnio, baja autoestima, y malestar estomacal o inmunodeficiencia. Puede inclusive poner en riesgo nuestras relaciones personales y profesionales.

Entre otras posibles razones, y sin ser la más importante, la depresión pudiera obstaculizarnos a la hora de planear pues debilita nuestra confianza. El resultado es que no creemos poder concluir un proyecto exitosamente y nos resignamos a creer que “no vale la pena” hacer el esfuerzo. 

Si tienes el hábito de postergar tus deberes, conocer algunas de sus causas puede ayudarte a romper con este círculo vicioso.

1. El temor al fracaso

Este miedo quizás sea la razón más importante. Si no empiezas un proyecto, no corres el riesgo de dejarlo a la mitad, o de hacerlo mal, y va de la mano con la segunda razón:

2. Eres perfeccionista

Esta característica de nuestra personalidad puede ser una ventaja, pero también puede ser causa de ansiedad. Aprende a ver tus errores como una oportunidad para aprender. Repetir las tareas una y otra vez te ayuda a encontrar la forma de hacerlo de forma correcta. No olvides que “la práctica hace al maestro”.

3. Ves la tarea como un solo proyecto de “enormes” dimensiones

Si un deber parece demasiado agobiante (digamos, pintar tu casa), divídelo en pequeñas partes. No es necesario terminarla todo en un solo día. Puedes pintar un cuarto un fin de semana, y la cocina al siguiente fin de semana. Para hacer tu tarea más agradable puedes, por ejemplo, escuchar tu música favorita, o invitar a algunos amigos para ayudarte, o simplemente para acompañarte mientras trabajas, y antes de darte cuenta… ¡Habrás terminado!

4. Te falta fuerza de voluntad

Este problema es muy común y puede tener varias causas, desde una infancia con pocas exigencias familiares hasta una falta natural de energía. Si te encuentras frecuentemente postergando deberes necesarios en tu vida, una plática con un terapeuta podría ayudarte a resolver o aminorar el problema. Otra solución es pedirle a un amigo de confianza que te actúe como “jefe” y te guíe hasta lograr tu objetivo. Nunca es tarde para adquirir disciplina.

5. Te distraes fácilmente

Al enfrentarte con cualquiera de tus obligaciones menos deseadas, es fácil toparse “accidentalmente” con una mejor razón para no hacerla: salir al supermercado, llamarle a un amigo, ver la televisión… Te gana la flojera, pues.

Una buena manera de superar este obstáculo es pegar una lista de todas las tareas pendientes, ya sea en un calendario o en la puerta de tu refrigerador, de manera que puedas verla con frecuencia. Cada vez que logres un objetivo, táchalo de la lista. Este refuerzo constante de tus éxitos te animará a encontrar el tiempo y la voluntad para terminar con el resto de los pendientes lo antes posible.

6. El proyecto tarda más de lo esperado

Quizás elaboraste tu plan un tanto apresuradamente y la tarea que pensabas que tomaría dos horas en realidad requiere dos días; te faltó una herramienta y tienes que salir de nuevo a la ferretería; o tal vez no pudiste lavar la ropa porque se cortó el agua o la electricidad. No desesperes. Nos sucede a todos. Aprovecha esa oportunidad para pensar si hay algo más en tu proyecto que pudiera hacerse de una mejor manera.

¿Cómo puedo ayudarme a romper este ciclo?

Reflexiona en tus razones para diferir el cumplimiento de tus objetivos. Practica cualquiera o todas estas soluciones para abordar las tareas menos agradables en tu vida. Elabora un sistema de recompensas por cada tarea que concluyas (por ejemplo, disfrutar una película, tomarte un helado, salir a tomar el café con tus amigos) y no olvides que las ventajas son muchas: la satisfacción de haber cumplido con tus metas, tener un pendiente -o varios- menos en tu vida, tu tranquilidad de conciencia y saber que tienes capacidades en ti que antes no conocías. Poco a poco aprenderás que entre más pronto abordes un problema, más rápido llegarás a su solución.

Por Ignacio Torres.

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